Gobernarte

El pasado agosto me encontré, junto a los asistentes a un congreso que organizaba mi universidad, visitando el Congreso. El de siempre, o sea. El de la República. No hizo falta dísol-ver, como el chino nefasto, la institución para que nos dejaran sitio los miembros del Ejecutivo. Ellos ya habían terminado su jornada laboral, así que nos pudimos pasear por el amplio hemiciclo (que no me pareció tan amplio, de todas maneras) y pisar moqueta con una cierta reverencia que, lamentablemente, creo que tienden a perder aquellos que la pisan diariamente. No todos pueden ser el Mr. Smith de Capra.

De filmreference.com

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Hablo por mí de la reverencia, en todo caso. Y no a causa de la moqueta o los escaños -que imponen- o de haber escuchado aletear por algún lado al Poder Legislativo en persona. Vino de una furtiva mirada al cielo. No sé si miran mucho los políticos en esa dirección; yo, opacados por el cielo nocturno, pude leer cuatro lemas monosílabos: JUS-PAX-LEX-ARS.

Artística instantánea de Priscila Guerra

Artística instantánea de Priscila Guerra

ARS. No es la voz que más se escucha, desde luego, en el discurso de las autoridades, y quizá por la sorpresa me sentí conmovido. Oficialmente reconocido en el propio meollo de la nación, junto con mis colegas de letras y humanidades, como necesario y escogido para la buena organización de la república.

Ya más sereno, me hacía cargo de que ars en latín implicaba más la tekné griega, es decir, el oficio y la destreza, que lo que son las bellas artes (y bellas letras). Que el arte de gobernar, en fin, requiere más astucia que sensibilidad y más promesas que talento. En cuanto a la estética, importa poco en lo que de verdad importa: no hay más que ver cómo ciertas democracias viven la devaluación de las formas, o sea de las maneras que manifiestan el respeto. Cómo a la devoción que implica el rito institucional se opone el desprecio al llamado “formalismo”. A menudo, cuando empiezan a dejar de ser democracias.

Y lo peor es que aun así, requiriendo el arte de gobernar tan poca excepcionalidad de artista, es que no hay manera de hacerlo bien. Hoy proliferan las maestrías en gobernabilidad; no sé si las anunciaban, con el consabido escepticismo, Mafalda y Miguelito en aquella tira:

De david-pardo.blogspot.com

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