En el principio fue un hobbit

Smaug (2)

El dragón Smaug, por Flavia Prendes

Ayer, en todos los templos católicos del mundo, nos recordó San Juan Evangelista que al principio de las mejores creaciones está el Verbo. J.R.R. Tolkien, filólogo, escribió la palabra “hobbit” sin saber aún qué significaba, y a partir de ella creció una historia para contar a sus hijos, de igual modo que un poblado árbol de mitos y poemas iba naciendo de su “vicio secreto” de imaginar nuevos idiomas.

De las cosas que haya podido encontrar a lo largo de mi vida entre las ramas de ese árbol, espero ir escribiendo.* Ahora me contento con pegar mi artículo sobre la nueva película de Peter Jackson, reunión muy esperada con la materia que tan exitosamente trató hace, buf, ya más de diez años, cómo pasa el tiempo.

No quise leer ninguna crítica antes de ver el filme. En realidad, ni siquiera quise ver un solo tráiler: estaba deseando sorprenderme, como con las de El Señor de los Anillos, y me dio buen resultado. Aún prolongué la abstinencia hasta después de la redacción de mi reseña, para encontrarme en la red con comentarios más bien tibios. Yo, por mi parte, sí me he quedado bastante satisfecho con Un viaje inesperado. Creo que explico por qué, y por qué hasta soy comprensivo con algunos de sus defectos.

Para leer, cliquea y ten paciencia...

Para leer, cliquea y ten paciencia… Tal vez te ahorres una dioptría pinchando aquí.

Podría apostillar al último párrafo, sin embargo, que una búsqueda de El hobbit por las librerías de Piura sería tan breve como infructuosa (aunque si damos tiempo a que la película se promocione, apuesto a que los quioscos de la avenida Grau se llenarán de ejemplares bamba). También, que el potencial lector se quedaría un poco desconcertado al ver que, por una vez, la película no recorta episodios de la novela original, sino que los añade y en buena cantidad.

Por último, un hándicap de la película en el que me ha hecho reparar, durante conversación de Nochebuena, una tan perspicaz como atractiva profesora de la Universidad San Pablo-CEU: la ausencia de Viggo Mortensen va a alejar a buen número de espectadoras. De hecho, en El hobbit la presencia femenina es mínima y no hay, de momento, un solo héroe guaperas que reemplace al recordado Aragorn. Martin Freeman no sé qué les parecería de doctor Watson, pero como Bilbo Bolsón me late que pierde sex-appeal. ¿Diez años trabajando, y los guionistas no cayeron en eso?

*Por lo pronto, enlazo esto para quien no se haya cansado todavía de leer.

crÍTICA A el hobbit: la desolación de smaug (2013) en este blog

crítica a el hobbit: la batalla de los cinco ejércitos (2014) en este blog

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7 pensamientos en “En el principio fue un hobbit

  1. Intenté leer El Hobbit en 2003 y como mi background literario venía siendo puramente realista lo abandoné en seguida. Porque me pareció, en su momento, una patada a la imaginación, lo que viene a ser que resultaba demasiado fantástico para mis gustos de aquel entonces. Pero después, con las películas, me ayudé un poco y acabé por buscar el libro por cuenta propia. Así que no sé si mi visión acerca de la obra de Tolkien es la del autor, la de Jackson o mía…

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    • Bueno, en realidad ninguna lectura es totalmente “inocente”… quizá tu propia crítica del libro, o de la película, lo dejaría más claro.
      “El hobbit”, yo hubiera pensado que es más tolerable para un lector “realista” que “El Señor de los anillos”, en el sentido que se trata de una fantasía más convencional, como digo: el cuento de hadas en que el humilde personaje asciende gracias a su astucia, al correspondiente ayudante o donante mágico y a la ayuda de objetos o talismanes cuya obtención justifica un episodio entero… A Bilbo solo le faltaba casarse con una princesa al final, o sea. Además, el tono general no puede ocultar que su destinatario original era un público infantil.
      “El Señor de los anillos” trata ese material fantástico con una seriedad y complejidad fuera de lo común (entonces, al menos), con un rigor más propio del relato realista que de lo que esperamos del fantástico. Eso, según se mire, puede ser una ventaja o un defecto.

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    • Viggo (que no sé si era galleggo) ni idea, pero lo que es el maño de Aragorn, ¡estaba más majo cuando se casó con la Arwencica!

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  2. El “sería” en vez de “seria” de mi artículo impreso es culpa íntegramente del diario “El Tiempo”

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  3. Nueva y debida apostilla: de las dos subtramas, la de Azog sí es casi completamente original; la del Nigromante aprovecha otras obras de Tolkien como los apéndices de “El señor de los Anillos” y los “Cuentos inconclusos”.

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