Los incomprensibles

Alguna vez he recordado que me senté al lado de una muchacha muy guapa, que había asistido a la primera clase, y le pregunté: ‘¿Qué tal?’ Me contestó, literalmente: ‘Estupendo. No se entiende una palabra’. No había ironía en la respuesta: ni esa chica, ni casi ningún alumno, habían entendido, pero tenían la impresión de que era estupendo. El talento de Zubiri era evidente; su pasión intelectual, también; su desdén por la pedagogía, manifiesto. Hablaba de lo que le interesaba, sin miramientos. (…) Lo decisivo es que nos mostró lo que es la filosofía y nos infundió un tremendo respeto por ella.

(Julián Marías, Una vida presente)

A todos nos ha tocado en algún momento un profesor incomprensible. Ya no sé si también, como a Marías, alguno cuyo encanto no es que aflorase a pesar de sus crípticas exposiciones, sino que residía precisamente en ellas. Yo sí disfruté de más de uno.

Mayormente fueron lingüistas. Su laberíntico discurso no se me antojaba la petulancia del charlatán que busca impresionar a sus oyentes (de esos tuve algún otro, pero gracias a Dios casi no me acuerdo). Guiaba decididamente a una conclusión, pero con demasiada ventaja en pericia y rapidez sobre mi alumnil persona, que acababa las clases completamente perdida, enmarañada en el hilo de Ariadna, pero satisfecha y admirada sin saber muy bien por qué. Quizá conforme con el par de ideas, claras y hasta brillantes, que en el camino había conseguido entresacar (tan difíciles de relacionar luego con el conjunto). O quizá esa misma pegadiza “pasión intelectual” que es (cada día me convenzo más) lo que en verdad importa.

Anuncios

4 pensamientos en “Los incomprensibles

  1. A veces nos damos cuenta muy tarde de que hemos tenido ciertos profesores (libros, discos, experiencias…) demasiado pronto. Unos y otros tenemos el don de la inoportunidad.

    Me gusta

  2. “Confieso, aunque es obvio, que la mitad de las páginas leídas, o quizá más, no las entendía, pero eso las hacía más atractivas” (Gonzalo Torrente Ballester, “Los libros de Ortega eran muy caros”, en El Quijote como juego y otros trabajos críticos, Barcelona, Destino, 2004, p. 375)

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s