Roja pasión

En su tenso reencuentro, una pareja de examantes se tira sus (metafóricos) trapos sucios a la cara: que si él ha traicionado los ideales del partido, que si ella apoyó la facción maoísta en el congreso tal y cual… El lector, que probablemente ha amado y desamado en su vida por razones más carnales y cardiacas, tiende a sentirse poco involucrado. Bertolt Brecht, famoso dramaturgo socialista, buscaba crear sobre el escenario efectos distanciadores para que la sentimentalidad no impidiera reflexionar al espectador, pero me late que aquí no se trata de eso. Sencillamente, presenciamos una manera histórica y políticamente responsable de amar, sin contaminación de idealismo o individualismo burgués.

Aquella escena, que ya recordé en otra ocasión y por suerte voy olvidando poco a poco, vuelve repentinamente, envuelta en las azucaradas melodías de esta canción de Silvio Rodríguez. El trovador manifiesta a su amada, en román paladino, que fíjate si te quiero que en vez de haber ido a un mitin prefiero quedarme a pensar en ti. ¿Cabe mayor sacrificio en varón que tenga lo que hay que tener?

Para que luego digan que el socialismo real, tan real que hasta crea dinastías, no ha sido capaz también de crear un hombre nuevo.

(Otra: “Por ti sería capaz… ¡hasta de dejar mi país!”, le dijo otro cierto cubano, imagino que con sincerísimo acento, a una amiga mía española…).

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2 pensamientos en “Roja pasión

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