Susanita la rebelde

Miguelito prometía convertirse en dictador y Manolito aspiraba a ser un magnate explotador; Libertad, una guerrillera o terrorista según se mirase; Guille, todo un playboy; Susanita,  esposa y madre de familia (toda una amenaza)… Sin embargo, quién iba a decir que esta última iba a anticiparse en una de las tiras de Mafalda a un perfil muy siglo XXI de heroína de acción, porque el mundo la hizo así.

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Un vistazo a los “Pizarros” de Tirso de Molina

(Para Castellano Actual)

Foto de aquí

¿Y a quién se le ocurre recomendarle al lector de librería y cada día unas comedias del Siglo de Oro que ni siquiera son –como pasó otra vez– de las que mandan siempre en el colegio y cualquiera puede citar, venga o no a cuento?

Pues a mí. Bueno, y también a algún colega. Será que no descarto encontrar algún semejante entre mis lectores. Alguien que pueda entretenerse en la música y la trama de los versos de nuestro teatro barroco sin abrigar segundas intenciones filológicas o dramatúrgicas.

Eché mano de las pizarrías de Tirso porque me permitía tres por el precio de una, pero igual podrían haber sido La venganza de Tamar de este mismo autor, o mejor aún Los cabellos de Absalón de Calderón de la Barca (quién plagió a quién de estas dos obras, es algo de lo que me tengo que enterar cualquier día). O también La fuerza del natural, de Moreto. Y un etcétera que tampoco voy a presumir de que sea largo, pero que no he renunciado a seguir extendiendo.

Son obras en las que late mucha vida todavía.

Silencio, rioja

(Confesiones de un pequeño bebedor social, 2)

1. NUNC EST BIBENDUM

RE  Qual è il miglior vino che sia?  

BERTOLDO  Quello che si beve a casa d’altri.

(Giulio Cesare Croce)

El vino es el rey. Quitarle podrán ventas e incluso bebedores, pero nunca jamás su rica historia, y ya observaba Gómez Dávila cuánto más ennoblece formar en una muchedumbre extendida a lo largo del tiempo que condensada en el espacio. Muchedumbre es este caso encabezada por los héroes homéricos, que lo llevaban a su mesa como signo de civilización (los cíclopes no lo conocían), a sus altares, e incluso lo reconocían como la más expresiva imagen de la densidad y espuma del mar. Y no paso de aquí porque quizá no acabaría. Sigue leyendo

“Animal doméstico”, en Radio Beades

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Jesús Beades, gran poeta, gran músico, gran rapsoda y, en suma, gran Beades, me dedica un podcast dentro de sus excelentes lecturas de poesía. Disfrútenlo, y espero que luego todos los demás.

Una reseña de “Animal doméstico”

De regalo de Navidad me hacen llegar esta benévola reseña de mi poemario publicada en el último número de la revista literaria Fábula. Lean, y ojalá que les pique la curiosidad. Sigue leyendo

A nadie más que a Él

Natividad

Porque, además, ningún otro milagro espectacular había acompañado a este limpísimo parto. Ni ángeles, ni luces. Dios reservaba sus ángeles ahora para quienes los necesitaban, los pastores. María tenía fe suficiente para creer sin ángeles. Además, de haber venido ángeles a la cueva, ¿los hubiera visto? No tenía ojos más que para su hijo.
José Luis Martín Descalzo, Vida y misterio de Jesús de Nazaret, Salamanca, Sígueme, 2005.

Dios le da pan al que olvida sus dientes

Tal vez dedicarás lo que te dejen del día tus obligaciones domésticas a preparar tu próxima clase. Te recorrerás, por ejemplo, el Quijote de cabo a rabo en busca de ejemplos para comentar; releerás aquellos episodios que mejor recuerdas para el caso y, por el camino, descubrirás algunos que tenías olvidados, al acecho de material utilizable o bien arrastrado solamente por la repentina curiosidad y la sorpresa. Tendrás que revisarlos con detenimiento para asegurarte de que puedes interpretarlos de manera satisfactoria, así como salir al paso de cualquier duda que pueda provenir del lado oscuro.
Y también tal vez te irás a la cama rezongando contra este atareado ritmo cotidiano que te impide tomarte un tiempo para la lectura.

Nunc est bibendum

(Confesiones de un pequeño bebedor social, 1)

-¿Bebe usted?

-Cuando me invitan, doctor -contesté-. En reuniones de amigos, en matrimonios…

-Ya. Bebedor social, entonces.

La etiqueta no me sorprendió. La aprendí, supongo, al mismo tiempo que la mayoría de los peruanos que supieron del caso Wikileaks. Aquel audaz ejercicio de chismorreo trajo consigo, entre otras revelaciones morrocotudas, que el entonces presidente del Perú estaba catalogado por la diplomacia de Washington como un bebedor social, mesurada etiqueta que hace olvidar la gran diversidad de reuniones sociales posibles. Ahí quedan para la historia, sin ir más lejos, las hazañas del susodicho político cuando acudía a rendir culto a Marte y Baco juntamente:

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Un brindis ignaciano

Con toda su breve claridad, me resulta ilustrativa la lectura de la carta que el Papa ha dirigido a sus antiguos alumnos del colegio donde enseñó. Ilustrativa en cuanto que lo que parece hilvanar tales con cuales cuestiones es la recomendación de fiarse poco de los portavoces que le salen en todos los medios, tan dados normalmente todos ellos a darse golpes en el pecho del vecino, con lo fácil que es conseguir versiones íntegras y directas de las palabras del obispo de Roma.

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Un rastro de misterio

Escolio para una novela inconclusa

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Que X sea culpable (aunque no necesariamente el culpable) podría esperarse, como en las buenas historias policiales, precisamente por ser  inesperado. Es decir, que ya nos habíamos olvidado de X, y, de hecho, casi hasta del asesinato de Y que da lugar a la pesquisa sobre Z que puede iluminarlo y acaba por ocupar el mayor interés de la trama.

Sin embargo, el dato revelador, aunque aparentemente anecdótico, que acaba por delatar a X no debería  permanecer olvidado, para procurar al lector el placer de descubrir la clave al mismo tiempo que el investigador. De ese modo, la novela concluye con cada pieza en su lugar y el misterio de Y resuelto, pero a costa de sembrar a lo largo del proceso varios enigmas, que permanecerán sin resolver, en torno a la vida de Z.

“Animal doméstico”, en casa

(Valga la redundancia)

Animal doméstico

A la espera de que lleguen ejemplares a Perú, si alguien vive más cerca de España o tal vez le vencieran la impaciencia o la curiosidad, lo puede adquirir en la librería online de Los Papeles del Sitio (editorial@lospapelesdelsitio.com), o bien a través de Iberlibro.

Llegan por fin a mis manos unos poquitos ejemplares de mi Animal doméstico. Aún no tantos como para empezar a distribuir por el Perú, pero sí para darle la bienvenida a casa (donde, por elemental coherencia, no podía faltar) y hojearlo como quien lo acaricia. Lo que en el libro por leer es anticipo físico del gozo que nos promete, en el libro propio es consumación de todo lo que hemos disfrutado y padecido en su escritura.

La Cosa en la ciudad

(Sueño de hace un par de años, provocado por John Carpenter y que, al releerlo, me ha sorprendido por su algo de profético)

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La Cosa está aquí. 
Encerrados en un garaje, expongo la situación ante un nutrido grupo de caras desconocidas en las que se puede leer la angustia. 
“La Cosa está aquí. Cualquiera de nosotros puede estar infectado por la Cosa. En cualquier momento puede comenzar su ataque a los demás para apoderarse de su organismo y seguir multiplicándose. Y será difícil reconocerla: la Cosa no sólo adopta la forma de su víctima, sino también todo lo que esta contiene en su memoria. 

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Poetas sin redil

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Lamentaba Arturo Corcuera que el éxito de su poemario Noé delirante (que aquí recomiendo) hubiera opacado la importancia de otros libros para él igualmente valiosos. La misma obra de Corcuera, en su conjunto, podría pasar inadvertida para quienes se aproximan a la poesía peruana por medio de antologías, como ocurrió con la de José Miguel Oviedo en una colección tan difundida como Visor.
Una explicación –o consuelo– podría hallarse en el vaticinio que, autorizado por el oficio y la experiencia, hizo Carlos Bousoño al poeta peruano: muchos habrían de  considerar su poesía fuera de corrientes, cosa que no dejaba de hacerla auténtica poesía.
Corcuera poseía fecundidad, aparte de talento. Mucho más fuera de corriente y hasta de onda están –estamos– quienes alumbran al año apenas un poema digno de mostrarse. Escritores “a medias y a poquitos” de aquellos que menospreciaba el Marito de La tía Julia (cap. 11). Que bien pudiera ser que no merezcan el completo nombre de poetas, pero qué culpa tienen de ello sus poemas para no poder salir al mundo.

Versiones y re(quete)versiones

Denuncian de vez en cuando comentaristas de la actualidad audiovisual de cómo, agotado su tesoro, de asuntos falto, enmudeció el gremio de guionistas. O de que las productoras están tan pobres de audacia que no se les ocurre otra fórmula que la de dar a cada nueva generación, recalentado al microondas digital y con algo de sazón contemporánea, su más de lo mismo.

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“Son de mujer, de hombre no”

 
Andan muy apuradicos en el disneyverso por si Mulán tiene más o menos audiencia, más o menos dragones, más o menos canciones o más o menos derechos humanos. 
Conmigo que se dejen de cuentos chinos, que ya tengo el romancero.
 

Copiado de aquí

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Entre caballeros

Algo sobre la grandeza y servidumbre de las armas en Pérez Galdós

Los niños suelen ignorar esa costumbre de los adultos –y ley de la naturaleza– de no dar segundas oportunidades. Un “Esta no vale”, un “Esta era de prueba” (o “de broma”) bastan para recomenzar el juego como si no hubiera pasado nada, en igualdad de condiciones.

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Otoño

El otoño es la época del año en que el poeta siente a Castilla; otoño es la segunda parte del Quijote; otoño son las piedras doradas de las murallas viejas y de los derruidos palacios; otoño son los crepúsculos áureos y las campanadas de cristal en la mañana; otoño son los arcaicos prosistas en que tomamos fuerza para escribir la prosa nueva, aprovechándonos de su experiencia; otoño son las hojas de sangre y de oro que ya no volveremos a ver.

Azorín, Félix Vargas (VIII)

Ceporro en mi casa

Llevaba tiempo olvidándome de recomendar a los lectores de Castellano Actual la encantadora novela de Álvaro Pombo Aparición del eterno femenino contada por S.M. el Rey. Finalmente, aquí está.

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Un amor desenredado

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Lo dijeron Qohélet y Paul Francis Webster: hay un tiempo para todas las cosas de la vida. Cada quien tiene en casa su propio calendario y lo va deshojando cada día, a menudo con sorpresas, y también una ventana por la que asomarse al mundo y decidir de qué va siendo hora, a qué llegamos tarde y para qué nos falta poco.
Al matrimonio, por ejemplo, yo creo haber llegado por un pelo. Y no lo digo por el calendario, o sea por la edad, sino por la ventana, quiero decir el mundo. Unos años más, y mi poca efusividad quizá se hubiese visto en el apuro de congeniar el noviazgo con las redes sociales. Por contentar a quien me hubiera echado la soga al cuello, tal vez habría tenido que llevar un diario gráfico de rosadas intinimiedades, o aparecer como resignado coprotagonista del de ella. Es decir, que creo que a estas alturas seguiría soltero, y con alivio.
Por suerte, caí en mejores lazos y época más propicia. Cuando al fin se me ocurrió colgar una foto nuestra de Hi5, red que por cierto no tardó en quedar hecha una ruina, fue precisamente una del día en que nos dimos el sí definitivo. Hoy hace trece años de aquello, y ya no digo más.

Sobre(-)valores de época

(Con algo sobre cine romántico, más una nota sobre las conclusiones de los cuentos de hadas)

Conversaba con estudiantes sobre Vacaciones en Roma, la película con la que William Wyler, a la par que una ejemplar comedia romántica, obsequió a la historia del cine la sin par Audrey Hepburn. Una película de las que merecen revisión, aunque en Latinamérica convenga taparse los oídos al principio para no escuchar el melirreico título que le endosaron.

Princesa

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Interdisciplinariedad

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En plena visita a uno de los salones donde se examinan mis alumnos,* uno de ellos solicita mi atención. Señala con el dedo aquel hermoso verso de Rubén Darío: “Brumas septentrionales nos llenan de tristezas…”.
“¿Qué quiere decir septentrionales”?, me pregunta. Y, como para demostrarme que la ayuda que me pide no es tan grande, añade: “¿Es norte, oeste, sur…?”.
Empiezo a objetarle que no puedo decírselo, que se trata de un poema que tendría que haber traído ya estudiado. Pero él contrargumenta, casi protestando: “Es una pregunta de geografía, no de literatura”.
*Obviamente, la anécdota es de antes de este año.

Hoy, conversatorio sobre “Animal doméstico”

Están todos, especialmente los habitantes del Perú (¡feliz 28 de julio!) y husos horarios cercanos, a asistir al conversatorio sobre mi poemario de reciente publicación, Animal doméstico.

Quienes deseen adquirirlo y vivan en lugares con los que España mantenga comunicación postal, pueden pedirlo a la librería on-line Los Papeles del Sitio: editorial@lospapelesdelsitio.com

A interesados de estas latitudes (entre los que me cuento), avisaré cuando se haga realidad la edición peruana. Trabajamos en ello.

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Un sable en Zululandia

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Tendría que volver a ver la película Zulú. No para contradecir a los vándalos del blaclaismáter o el blaclaispáter, sino porque, pese a tratarse de todo un clásico del tema histórico o aventurero colonial, conservo un recuerdo muy pálido de ella. Si llegaba a crear “personajes” o trama más allá del puro acontecimiento histórico recreado, el combate de Rorke’s Drift, debían de ser poco impactantes para el espectador que yo era entonces.

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Mi profesor más duradero

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A A. V., in memoriam
Durante cerca de una década, un buen pedazo de lo que fueron mi infancia y adolescencia, yo jugaba al golf.
No podía imaginar mejor manera de empezar los fines de semana. Por un par de horas mandaba al rincón libros y apuntes, olvidaba cualquier prisa y me daba un ameno paseo al aire libre, lejos de cualquier ruido de motor o grabaciones.

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Un periodista, político y presunto magnicida español de hace siglo y medio como musa de la política actual del vandalismo urbano

 

“¡Abajo lo existente y su antecedente! ¡Muera la historia!”.
(José Paúl y Angulo, según Benito Pérez Galdós en España trágica, cap. XX)

“Animal doméstico”, recién publicado

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Para adquisiciones, librería on-line Los Papeles del Sitio: editorial@lospapelesdelsitio.com

Los cuadernos de poesía Númenor, editores de la obra de poetas que admiro y también quiero, ha tenido la gentileza de publicar mi poemario Animal doméstico. Me siento agradecido y orgulloso como solo puede estarlo un joven poeta que pasa holgadamente de los cuarenta.

He tardado años en decidirme a armar y publicar un libro de poemas. Tantos, que se quedan en nada los pocos meses de demora extraordinaria que le ha impuesto el  coronavirus.

Y que le sigue imponiendo, porque de momento no he podido ni tocar a la pobre criatura. A saber cuándo podrá cruzar el charco y circular por el Perú. De momento, contemplo su fotografía igual que César Vallejo abrazaba al hombre: Emocionado… Emocionado…

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Perenne Mario

Algunos dicen que anda caduco. No de salud, que debe de llevarla bastante bien pese a su edad, y ahí está además tan trabajador como siempre, pero que en sus logros literarios está ya muy lejos de los de antaño. Sin embargo, cómo pedirle a nadie que deje de escribir, en nombre del buen recuerdo de sus obras pasadas, cuando a otros se les pide lo mismo en nombre de lo contrario. Que lo sigan intentando, unos y otros, porque nadie está obligado a leerles.

Por mi parte, revolviendo archivos encuentro la notita que agregué en la prensa a la celebración del premio Nobel, y la uno a mi archivo público para añadir una pizca más de gloria a la carrera de los dos. Estoy de un humilde que me salgo.

Perenne Vargas Llosa

 

 

Autorrelecturas

… quand’era in parte altr’uom da quel ch’i’ sono

(Petrarca)

Aseguran muchos escritores que nunca vuelven a leer su obra publicada. La displicencia que muestran al decirlo les da un toque de distinción que ya me gustaría a mí.
Sin embargo, lo que a mí me ocurre es que me releo con frecuencia. Y no me refiero solamente a los borradores, que eso es obligado, sino a los textos publicados ya hace tiempo.

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