Gato de porcelana

Me gustas cuando callas

Me gustas cuando callas…

Según cuenta uno de sus alumnos, Julián Marías, Ortega y Gasset recomendaba a sus alumnos dedicar una hora diaria exclusivamente al ejercicio de pensar: “Se hacen unos músculos increíbles”, aseguraba. Sigue leyendo

Móvil, puntualidad, esperanza

El mundo de la impuntualidad, supongo que tan antiguo supongo como el mundo ( a mí solo me consta el testimonio escrito de San Agustín), también se ha visto alterado por la telefonía celular. Por una evidente parte, ha logrado el gran progreso de evitar plantones: avisa de demoras, demanda paciencia y necesarias prórrogas, cancela citas en el último momento. De ahí nos ha salvado.

Pero, por otra, dichas posibilidades han dado lugar a esa crueldad más soterrada de prolongar los plantones a fuerza de esperanza, de mecer al esperante siempre por unos pocos minutos más, que prolongan su paciencia hasta el abuso.

Los estudiantes, peores

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Tomado de aquí

—Los alumnos cada año son más malcriados y más vagos. Y yo me alegro.

—¡¡¡…???

—Por supuesto, querría que fueran cada vez mejores, pero como eso es ser demasiado fantasioso, la tentación es la de desear que sigan igual que siempre. Pero, si siempre fueran igual de malcriados, podríamos rendirnos, acostumbrarnos y dejar de exigirles. Que cada año sean peores es un recordatorio de nuestra necesaria inflexibilidad.

De recuerdos y trofeos

Maletín

Todos tenemos pertenencias que guardamos como recuerdo, porque otras personas han puesto amor en ellas para entregárnoslas. Otras, en cambio, se guardan como trofeo: somos nosotros quienes en ellas hemos depositado, si no amor, alguna otra pasión, hasta lograr adquirirlas y atesorarlas. 
En este sentido, quizá el objeto más valioso de mi casa, porque participa de ambas condiciones, sea mi cubertería. Y eso sin habérmelo propuesto.

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Salvar al general Ros de Olano

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“Los poetas contemporáneos”, por Esquivel. (Para mí, siempre se titulará “¿Dónde está Antonio?”).

Me lanzo al rescate de un nuevo artículo que escribí hace mucho, digno de mi macetero. Lo dedico a un autor igualmente digno de rescate: Antonio Ros de Olano (1808-1886), que fue caraqueño de nacimiento y catalán de crianza, militar de formación y escritor de afición, político de orden y romántico de temperamento. El resto, lo digo (o lo dije) en las páginas que siguen.

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En Fábula 22 (2007)

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Los otros fumadores electrónicos

Diría que, como adicción, el internet de bolsillo ha venido a ocupar en nuestros días el nicho que ocupaba el tabaco en los siglos anteriores. O sea, se trata de una adicción dañina, experimentada y reconocida como tal por los adictos; sin embargo, están dispuestos a sobrellevarla porque es también un modo de integración social, en lugar  de un vicio privado o clandestino.